Santiago Atitlán
Camino por las venas empedradas del pueblo por donde pasa el ruido de los pasos con sus gentes que ascienden a la cúspide, al templo, para la veneración del gran abuelo, de Cristo y Santiago.
Veo mientras camino el rostro de las casas enmascaradas por tejidos, pinturas y esculturas de madera; es un pueblo que sabe a patín y a agua de lago.
Desde aqui se invoca al corazón de Stanley, que retumba en el túntún de los tambores a la entrada del templo, un tejido bordado de cánticos cristianos y paganos
Un soplo que se arremolina en trenzas de viento que ascienden a las nubes desde la enagüas del volcán de San Pedro y se desliza por el valle para convertirse en una fresca sabana de brisa que termina en la costa sur.
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