El pueblo que aprendí a querer
Ese pueblo que aprendí a querer, es intenso, con mucha gente en las calles cansadas de tanto paso, con dos centinelas al fondo que lo acorazan.
Donde los pasos hacen música en la puesta y el ocaso del sol. Desde donde oyes las olas furiosas que se desvanecen humildemente en la playa.
Un pueblo que llegas a amar con tus dos brazos al extremo que llegas a abrazar, que se acurruca en la retina de tu ojo, y aún lejos, la silueta de los techos de las casas no se te olvidan.
El pueblo que aprendí a querer resguarda los restos de los que amas esperando tu regreso, cuando te canses de caminar. Un pueblo al que regresas, atraído por el imán de tus seres queridos, el color de su piel, el calor y el recuerdo de sus pies calzados de calles de piedra.
El pueblo que aprendí a querer reúne en la plaza, en la esquina, en las luces y sombras, las palabras de amor, los sueños, los chismes y los recuerdos en forma de nubes alborotadas que caprichosamente te convidan un rebaño de estrellas y una luna como pastor.
El pueblo que aprendí a querer, acomoda su cabellera de árboles con la sinfonía apacible del viento del norte y las notas del invierno en forma de sonatas de aguacero; y en verano, se broncea con un sol que encubre la vida cotidiana de mercado; de mujeres emperifolladas y de hombres con brisa de sudor que llega del mar.
El pueblo que aprendí a querer te invita a descansar con el trino alborotado de pájaros acurrucándose entre las copas de los almendros al final de la tarde. Un pueblo que de noche ronca con la bulla de la vida nocturna, el concierto de grillos y el apacible silencio de un dormido. Un pueblo arrugado por el paso del tiempo en las viejas casas.
El pueblo que aprendí a querer, no es mejor que el tuyo, solo que talvez no lo has descubierto. El mio es carismático, cálido, brisado, soleado, y demás, porque simplemente es mi pueblo con todos su defectos y virtudes…
...Y si te fuiste, estará sentado esperando pacientemente en la banca del parque, de las estación del tren, en cada barrio, en cada hogar.
Cristian
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