Préstame









Préstame el tiempo que desperdicias
por no tocar a tu pareja y esculpirla con la yema de los dedos en la cama.
El tiempo que no te tomas para verle a sus ojos cada mañana
y decirle que la quieres, que la amas y que morirías
sino vieras la aurora de su mirada.

Préstame las horas que has dejado de hablar con ella, acerca de ella,
o no responder sus dudas tradicionales y escuchar sus inquietantes historias de vida en casa;
el tiempo que llevas sin decirle que la amas y deseas,
las tantas noches que no das rienda suelta a sus fantasías.

Préstame el tiempo que has dejado de compartir las letras en los fideos
o las duchas entre dos.

Préstame el tiempo de su espera largas horas,
para que llegaras a casa de madrugada por una noche de vinos.
Sé que me endeudaría hasta la otra vida, y la otra y la otra,
que hasta mis futuras generaciones no terminarán de pagar.
Tampoco te producirá un solo céntimo de interés;
comparado con lo que disfruté de tiempo prestado con ella,
a expensas de tu indiferencia.


Cristian

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